lunes, 20 de agosto de 2012

Siglo XVI: Renacimiento y la renovación de la lírica castellana

Nos introducimos en el primero de los Siglos de Oro de las letras españolas: el Renacimiento.
El cambio generado por la llegada de nuevos vientos procedentes de Italia recpercute en la literatura de nuestro país. Frente a la apertura que abandera Carlos I, en la segunda mitad de este siglo Felipe II cierra las puertas a las corrientes europeas y España se encierra en los postulados de la Contrarreforma del Vaticano.

Carlos I y su hijo Felipe II
Aquí os dejo una presentación que os servirá como esquema de este periodo:




Garcilaso de la Vega
Garcilaso de la Vega
Del impulsor del espíritu italianizante en la españa del Renacimiento hay que destacar sus Églogas, sus sonetos y sus liras que a todos nos vienen a las mientes.


XI

Hermosas ninfas, que, en el río metidas, 
contentas habitáis en las moradas 
de relucientes piedras fabricadas 
y en columnas de vidrio sostenidas; 
agora estéis labrando embebecidas
o tejiendo las telas delicadas,
agora unas con otras apartadas
contándoos los amores y las vidas:
dejad un rato la labor, alzando
vuestras rubias cabezas a mirarme,
y no os detendréis mucho según ando,
que o no podréis de lástima escucharme,
o convertido en agua aquí llorando,
podréis allá despacio consolarme.


Égloga I
 
Salicio y Nemoros junto al Tajo
Nemoroso:

  Corrientes aguas, puras, cristalinas,
árboles que os estáis mirando en ellas,
verde prado, de fresca sombra lleno,
aves que aquí sembráis vuestras querellas,
hiedra que por los árboles caminas,
torciendo el paso por su verde seno:
yo me vi tan ajeno
del grave mal que siento,
que de puro contento
con vuestra soledad me recreaba,
donde con dulce sueño reposaba,
o con el pensamiento discurría
por donde no hallaba
sino memorias llenas de alegría.




Copia de "Afroditade Gnido" de Praxíteles
Oda ad Florem Gnido

Si de mi baja lira
tanto pudiese el son que en un momento
aplacase la ira
del animoso viento
y la furia del mar y el movimiento;

y en ásperas montañas
con el süave canto enterneciese
las fieras alimañas,
los árboles moviese
y al son confusamente los trujiese,

no pienses que cantado
sería de mí, hermosa flor de Gnido,
el fiero Marte airado,
a muerte convertido,
de polvo y sangre y de sudor teñido;

ni aquellos capitanes
en las sublimes ruedas colocados,
por quien los alemanes,
el fiero cuello atados,
y los franceses van domesticados;

mas solamente aquella
fuerza de tu beldad sería cantada,
y alguna vez con ella
también sería notada
el aspereza de que estás armada:

y cómo por ti sola,
y por tu gran valor y hermosura
convertido en vïola,
llora su desventura
el miserable amante en tu figura.

Hablo de aquel cativo,
de quien tener se debe más cuidado,
que está muriendo vivo,
al remo condenado,
en la concha de Venus amarrado.

Por ti, como solía,
del áspero caballero no corrige
la furia y gallardía,
ni con freno la rige,
ni con vivas espuelas ya le aflige.

Por ti, con diestra mano
no revuelve la espada presurosa,
y en el dudoso llano
huye la polvorosa
palestra como sierpe ponzoñosa.

Por ti, su blanda musa,
en lugar de la cítara sonante,
tristes querellas usa,
que con llanto abundante
hacen bañar el rostro del amante.

Por ti, el mayor amigo
le es importuno, grave y enojoso;
yo puedo ser testigo,
que ya del peligroso
naufragio fui su puerto y su reposo.

Y agora en tal manera
vence el dolor a la razón perdida,
que pozoñosa fiera
nunca fue aborrecida
tanto como yo dél, ni tan temida.




 Fray Luis de León

Nuestro gran poeta ascético de la segunda mitad del siglo XVI.
Su estancia en prisión marcó su literatura, siempre en busca de una respuesta a esta vida en la soledad y en el sosiego de una "vida retirada".




ODA I
VIDA RETIRADA 


¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruïdo,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido;

Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio Moro, en jaspe sustentado!

No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera. 




San Juan de la Cruz
San Juan da un paso más adelante y se convierte, junto con Santa Teresa de Jesús, en nuestro místico más universal.
Su experiencia vital en la vía unitiva nos llega a través de sus versos más íntimos donde la alegoría provoca que podamos leer sus poemas dándoles una doble interpretación.
Sus estilo es sencillo y usa estructuras tradicionales para acercarse a sus fieles desde el púlpito de sus versos.


CANCIONES DEL ALMA... [ II ]

¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
pues ya no eres esquiva,
acaba ya si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro.

¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
que a vida eterna sabe
y toda deuda paga!,
matando muerte en vida la has trocado.

¡Oh lámparas de fuego
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido
que estaba oscuro y ciego
con extraños primores
calor y luz dan junto a su querido!

¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno
donde secretamente solo moras
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno
cuán delicadamente me enamoras!





Salud y cultura.

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